Lucas 2:25-25, NBLA.
25 Había en Jerusalén un hombre que se llamaba Simeón. Este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo estaba sobre él. 26 Y por el Espíritu Santo se le había reveladoque no vería la muerte sin antes ver al Cristo[j] del Señor. 27 Movido por[k] el Espíritu fue al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron para cumplir por Él[l] el rito de la ley, 28 Simeón tomó al Niño en sus brazos, y bendijo a Dios diciendo:
29 «Ahora, Señor, permite que Tu siervo se vaya
En paz, conforme a Tu palabra;
30 Porque mis ojos han visto Tu salvación
31 La cual has preparado en presencia de todos los pueblos;
32 Luz de[m] revelación a los gentiles,
Y gloria de Tu pueblo Israel».
33 Y los padres del Niño[n] estaban asombrados de las cosas que de Él se decían. 34 Simeón los bendijo, y dijo a Su madre María: «Este Niño ha sido puesto para caída y levantamiento[o] de muchosen Israel, y para ser señal de contradicción, 35 y una espada traspasará aun tu propia alma, a fin de que sean revelados los pensamientos de muchos corazones».
